Diezmos Y Ofrendas
El diezmo y las ofrendas representan actos de obediencia y gratitud hacia Dios. La Biblia enseña que el diezmo, la décima parte de nuestros ingresos, pertenece al Señor y debe ser entregado como muestra de fidelidad: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa” (Malaquías 3:10). Este principio no solo sostiene la obra de la iglesia, sino que también refleja confianza en la provisión divina. Dar el diezmo no se trata de una obligación ritual, sino de reconocer que todo proviene de Dios y que somos administradores de sus bendiciones.
Las ofrendas, por su parte, expresan amor y generosidad voluntaria. El apóstol Pablo enseña que “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7), destacando que cada contribución debe venir del corazón, no por imposición. A través de las ofrendas, extendemos la obra del evangelio, ayudamos a los necesitados y sembramos en la expansión del Reino de Dios. Tanto el diezmo como las ofrendas son oportunidades de adoración y fe, que fortalecen nuestra comunión con Dios y bendicen a la comunidad de creyentes.
Además, la práctica constante de dar refleja una vida guiada por principios espirituales más que por intereses materiales. Jesús mismo enseñó que “donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21). Al diezmar y ofrendar, alineamos nuestro corazón con los propósitos de Dios, aprendiendo a depender de Él y a vivir con un espíritu generoso. De esta manera, cada acto de dar se convierte en una semilla de fe que produce fruto eterno.

