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No Solo Asistir, Sino Dar Fruto

  • Feb 2
  • 1 min read

Ir a la iglesia es importante, pero no es el final del camino. Dios nos llama no solo a escuchar Su Palabra, sino a recibirla con el corazón y permitir que transforme nuestra vida. La semilla siempre está presente en cada enseñanza, en cada predicación y en cada lectura bíblica. Sin embargo, el crecimiento no depende únicamente de que la semilla sea sembrada, sino de la condición del terreno que la recibe. Jesús lo explicó en la parábola del sembrador, mostrando que la misma semilla puede producir resultados muy distintos según el suelo. “Pero la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia” (Lucas 8:15).



Muchas veces asistimos fielmente a la iglesia, escuchamos el mensaje y aun así no vemos cambios profundos en nuestra vida. Esto sucede cuando el corazón está lleno de distracciones, preocupaciones o rutinas que no dejan espacio para que la Palabra eche raíces. La semilla es buena y poderosa, pero un suelo endurecido o descuidado limita su crecimiento. Dios desea que Su Palabra no solo pase por nuestros oídos, sino que descienda a lo más profundo de nuestro ser y produzca transformación real.


Ser tierra fértil implica una decisión diaria. Significa apartar tiempo para leer la Biblia, meditar en ella y ponerla en práctica, incluso cuando es incómodo. La Escritura nos recuerda claramente este llamado. “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores” (Santiago 1:22). La semilla ya fue sembrada por Dios con amor y fidelidad. Ahora nos corresponde preparar el terreno de nuestro corazón para que esa semilla crezca y dé fruto abundante.

 
 
 

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